
Colada Morada y Día de los Difuntos: tradición en Quito
Explora la historia del Día de los Difuntos en Quito y descubre cómo nació la deliciosa colada morada, la bebida que acompaña a esta celebración ancestral.
¿Qué se celebra en el Día de los Difuntos?
En Quito, el 2 de noviembre es mucho más que una fecha en el calendario; es un momento de recuerdo y reencuentro con los seres queridos que ya no están. Las familias preparan altares coloridos, visitan los cementerios y comparten comidas típicas que, según la tradición, ayudan a los espíritus a encontrar el camino de regreso a casa.
Orígenes precolombinos y la influencia española
Antes de la llegada de los españoles, los pueblos andinos ya rendían culto a sus ancestros mediante ofrendas de alimentos, flores y objetos personales. Con la colonización, la cultura católica incorporó la celebración del Todos los Santos y del Día de los Fieles Difuntos, creando una mezcla única que hoy conocemos como Día de los Difuntos.
La colada morada: origen y evolución
La colada morada es la bebida estrella de esta fecha. Su historia se remonta al siglo XIX, cuando los conventos de Quito comenzaron a preparar una infusión a base de frutas rojas, maíz morado y especias para acompañar los tradicionales buñuelos. Con el tiempo, la receta se popularizó y se convirtió en un símbolo de la festividad.
Según documentos de la época, la primera mención escrita de la colada aparece en una crónica del 1857 que describe cómo los monjes utilizaban la bebida para “calmar el alma de los que lloran”. La combinación de sabores dulces y aromáticos buscaba ofrecer consuelo tanto a los vivos como a los espíritus.
Ingredientes que le dan su color y aroma
Frutas rojas y negras: moras, arándanos, ciruelas y pasas.
Maíz morado o harina de maíz morado, que aporta el característico tono violeta.
Especias: canela, clavo de olor, anís estrella y pimienta de Jamaica.
Endulzantes naturales: panela o azúcar morena.
Hierbas aromáticas: canela en rama y cáscara de naranja.
El secreto está en la cocción lenta, que permite que los pigmentos y los aceites esenciales de las frutas y especias se integren perfectamente, creando una bebida profundamente aromática y de color intenso.
Cómo se preparaba originalmente
En los conventos, la colada se hacía en grandes calderos de cobre. Primero se hervían las frutas y las especias en agua, luego se añadía el maíz morado y, al final, la panela. Todo el proceso podía durar más de una hora, y la bebida se servía caliente, acompañada de buñuelos de viento.
Hoy, muchas familias siguen una receta similar, aunque adaptada a los utensilios modernos. Lo importante es mantener la simetría de sabores: la acidez de las frutas, la dulzura de la panela y el toque especiado que evoca recuerdos de infancia.
Cómo se celebra hoy en Quito
En la capital, las calles se llenan de puestos que venden colada morada y buñuelos. Los mercados se convierten en verdaderos festivales gastronómicos. Los niños corren con sus cucharas de madera, mientras los mayores comparten historias de sus abuelos.
Los altares familiares, conocidos como ofrendas, incluyen fotografías, velas, pan de muerto y, por supuesto, una jarra de colada morada. Cada familia tiene su toque personal: algunas añaden coco rallado, otras prefieren una versión más ligera con leche de almendras.
“La colada morada es el abrazo dulce que nos recuerda a los que ya no están.” – abuela María, Quito
Participar en esta tradición es una forma de conectar con la historia de la ciudad y con la propia identidad cultural. La colada no solo es una bebida; es un vínculo emocional que une generaciones y refuerza el sentido de comunidad.
Si alguna vez visitas Quito en noviembre, no pierdas la oportunidad de probar una taza de colada morada recién hecha. Cierra los ojos, saborea la mezcla de frutas y especias, y deja que el aroma te transporte a los recuerdos de tus seres queridos.

